La Promesa De Malaquías 4, 5 y 6

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Josué 1:5-9 RV 1960 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

 

Dios le dio promesas a Josué de que le haría prosperar en su camino y que todo le saldría bien, pero le dijo que se esforzara y que fuera valiente. Así como le hablo a Josué, ahora nos habla a nosotros también y nos dice por medio de las escrituras que tenemos promesas suyas, como lo vemos en este siguiente verso:

Malaquías 4:4-6 RV 1960 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

Esta promesa es una gran bendición para todas las familias, así como Josué tuvo requisitos para poder vencer, así a nosotros Dios nos demanda requisitos para poder vencer y obtener esta maravillosa promesa de parte de nuestro Dios. Veamos el verso seis en la Biblia del lenguaje sencillo:

Malaquías 4:6 BLS Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y vivan en paz. Pero si no se reconcilian, yo vendré y destruiré la tierra».

Todos sabemos que reconciliar es igual que perdonar, así que podríamos leer de esta forma: El hará que los padres se perdonen con sus hijos y vivan en paz, cuando hablamos de que nos debemos perdonar, es que hemos ofendido, hemos fallado, no hemos actuado como Dios quiere que actuemos en nuestra casa, tanto padres como hijos. Dios nos ha dado regalos preciosos que son nuestros hijos, no son estorbo, son una gran bendición.

Salmos 127:3 BLS Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa.

Son un hermoso regalo de Dios y por lo mismo debemos de enseñarlos y guiarlos en el camino correcto que Dios mismo nos ha trazado en su palabra.

Proverbios 22:6 PDT Enseña al niño a ser honesto y cuando sea adulto no dejará de serlo.

El Señor nos puso a los padres como guía para nuestros hijos, ¿Qué tan buen ejemplo les estamos dando?, ¿Estamos sembrando sobre ellos el bien para que cosechen el bien? ¿O les estamos dando mal ejemplo? El resultado de lo que serán nuestros hijos, es la siembra que hemos hecho en ellos.

Muchas veces el orgullo de padres nos ha llevado a no allegarnos a nuestros hijos y no nos deja pedir perdón cuando cometemos un error ante ellos. Debemos de tener mucho cuidado cuando creemos que estamos bien en casa y sabemos que hay conflictos dentro del hogar y no los enfrentamos por temor a que nos desenmascaren o a desenmascarar, pero este es el tiempo de sentarnos con una actitud de humildad y ponernos a cuentas, sabemos que ofendemos con palabras, con gestos, con agresiones y queremos depositarlo todo bajo la alfombra y olvidarnos de que tenemos cuentas pendientes que saldar, los dejamos marcados con amargura, con resentimiento, estamos dejando mal testimonio con ellos, les estamos haciendo mucho daño no siendo los padres que ellos anhelan tener, pidamos perdón y pongámonos a cuentas, no sea que el Señor nos encuentre en pleito y contienda y sea muy tarde cuando queramos ponernos a cuentas, hoy es el día que ha hecho el Señor.

Miqueas 7:6 LBLA Porque el hijo trata con desdén al padre, la hija se levanta contra la madre, y la nuera contra su suegra; los enemigos del hombre son los de su propia casa.

Efesios 4:31 LBLA Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia.

Muchas veces nos hemos frustrado y amargado como pareja, y todo nuestro enojo e ira cae sobre nuestros hijos, nos desquitamos sobre ellos y después nos preguntamos el porqué se rebelan en contra de nosotros, será que el corazón de ellos querrá volverse en amor hacia sus padres?
Cuando los padres se divorcian, en muchas ocasiones ambos se desquitan quejándose con sus hijos del daño que les hizo el conyugue, llevando a que los hijos no cumplan el mandamiento de honrar padre y madre, quitándoles la bendición de que sus días sean alargados y nunca pensamos de tanto daños que les hacemos a nuestros hijos.

Nosotros como buenos cristianos debemos de dar buena instrucción a nuestros hijos y si hemos sido víctimas del divorcio o la separación, debemos de enseñar a nuestros hijos a bendecir a su papá o a su mamá y aunque hayan sido abandonados, grabarles en su corazón, que Dios como buen Padre, se ocupara de ellos.

Hay jóvenes que están solos y sus padres se olvidaron de ellos, pero deben recordarse de la promesa de Dios en este verso.

Salmos 27:10 LBLA Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá.

Este es un tiempo de recapacitar y de recordar que nuestra familia es un regalo que Dios nos ha otorgado, que es una bendición y que en un momento muy cercano, el Señor vendrá a pedirnos cuentas de la viña que nos entregó ¿y qué cuentas le vamos a dar?

Todos los seres humanos hemos tenido la bendición de tener padres y de ser hijos, en algunas ocasiones nuestros padres cometieron errores con nosotros y nos castigaron injustamente, debemos de tener el cuidado de que esas correcciones injustas no estén guardadas en el corazón, aunque haya pasado ya mucho tiempo, revisemos nuestro campamento y veamos si hay dolor aún cuando recordamos esos episodios, examinémonos como nuestros padres se comportaron con nosotros y no nos comportemos así con nuestros hijos, y de ser así ministrémonos, para que esas heridas sean sanadas y no guardemos resentimiento ni amargura y seamos libres de las cadenas del pasado, hemos sido llamados a libertad y no a esclavitud, para poder dar fruto y entrar a otra dimensión y poder dar palabra y testimonio a otro necesitado.

Lo que estamos viviendo Dios lo permite para que seamos vencedores, muchas veces esos inconvenientes los vemos como imposibles de resolver, pero el Señor nunca ha perdido una sola batalla, así que lo que estamos pasando ha sido permitido por Dios para que seamos valientes vencedores, esforzándonos como lo dijo a Josué.

Dios nos dice que no temamos que El ha pagado un precio muy alto por nosotros y por los nuestros, mentira del enemigo que nuestra casa va a permanecer dividida, no miremos los pies de barro de nuestra familia, veamos las virtudes que Dios ha entregado en cada uno de nosotros, este tiempo es nuestro año de libertad, año de recuperar lo perdido de hace mucho tiempo, es tiempo de ponernos a cuenta con la familia, cuando nos humillamos el Señor nos exalta, así que preparemos nuestro corazón para perdonar y pedir perdón, ha llegado el tiempo de restauración.

 
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