La Casa Vacía

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La Biblia dice en el Salmo 127, que si El Señor no edifica la casa, en vano es que haya edificadores, luego dice que si El Señor no cuida la ciudad, en vano es que haya guardas; esto significa que primero tenemos que edificar para después cuidar. Si nosotros edificáramos nuestra casa, tendríamos menos necesidad de poner guardas de seguridad, pero la sociedad entera necesita este entendimiento, y que nosotros les traslademos la visión sobre la importancia que la casa esté previamente edificada en El Señor, para que Él sea quien la cuide.

Es necesario que estemos dispuestos a exponernos ante La Palabra con los temas familiares, porque de esto depende que la Iglesia y el Cuerpo de Cristo camine según los propósitos del Señor, evitando de esta manera la proliferación de divorcios y problemas que dividen los hogares.

Si bien es cierto, la casa vacía es necesaria; pero solamente por un corto momento, porque cuando se prolonga esta vacuidad, viene a ser un castigo o una maldición. La Biblia nos deja ver el vacio y las casas vacías, así como las causas y las consecuencias que resultan al quedar vacía.

Ahora tu casa quedará completamente vacía. (Mateo 23:38 PDT)

Cuando analizamos el contexto del versículo anterior, vemos que El Señor le está hablando a Israel diciéndole que su casa quedará vacía hasta que diga: "bendito el que viene en Nombre del Señor"; en otras palabras, significa que cuando una persona no recibe en su casa al Señor Jesucristo, ésta quedará completamente vacía. Si recibimos al Señor en lo personal, seremos salvos individuamente, sin embargo, necesitamos hacerlo en nuestra casa, sin importar las consecuencias que puedan darse, por lo que no debemos conformarnos con ser salvos nosotros mismos, sino trascender hacia los nuestros.

Existen hogares mixtos en los que sólo uno de los cónyuges tuvo la bienaventuranza de conocer al Señor Jesucristo; ante esto, debemos estar alertas para no permitir que nos arrastre la incredulidad del resto de la familia, sino perseverar para que ellos se conviertan al Señor como nosotros; para ello, es necesario abrirle las puertas de nuestra casa a Jesús, diciéndole: "Señor Jesús, entra, ésta es tú casa y éste es tú lugar, por lo que no te negaré"; no lo tengamos fuera como dice La palabra en el Libro de Cantar de los Cantares, cuando expresa: "...he aquí estoy a la puerta y llamo...", a las llamadas del Señor debemos reaccionar inmediatamente porque cada momento es una oportunidad valiosa que Él nos presenta. En nuestra casa debemos invitar a Jesús, o bien, aceptar la invitación que Él nos hace, como le dijo a Zaqueo: "...es necesario que hoy me quede en tu casa..."; si no invitamos al Señor Jesús a nuestra casa, ésta seguirá siendo de nosotros bajo nuestro gobierno y no del gobierno de Jesús.

Para las mujeres cristianas que su esposo es inconverso, el Libro de Corintios, revela que ésta condición las convierte en cobertura de su casa, hasta que su esposo llegue a los pies del Señor. Si decide permanecer con su marido, él no la contaminará sino que se santificará por la cobertura que ella ejerce mediante el poder del Espíritu Santo; por ello, debemos entregarle nuestra casa al Señor.

Pero a los demás digo yo, no el Señor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no abandone a su marido. Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mas ahora son santos. (1 Corintios 7:12-14 LBLA)

El testimonio de un Pastor dice que en cierta ocasión, tuvo que salir de viaje en el cual debía hacerse acompañar de su esposa, dejando solos a sus hijos, quienes aún eran adolescentes. Al dejarlos solos, entraron a unos amigos a su casa, y cuando llegaron los invitados, los dos perros guardianes que se encontraban en la terraza de la casa, empezaron a ladrar, evitando que los jóvenes se concentraran en su conversación; la situación se complicó cuando los perros se lanzaron desde la terraza tratando de protegerla de los desconocidos; de alguna manera, lograron atar a los perros permitiendo que las visitas se retiraran. Al regresar el Pastor de su viaje, los muchachos que llegaron de visita le confesaron que durante su ausencia quisieron contaminar a sus hijos con malas ministraciones, sin embargo entendieron que Dios utilizó a los perros para alejarlos de la casa. Cuando le entregamos nuestra casa al Señor, Él usa lo inimaginable para protegernos, porque la casa ya no está vacía sino llena de Su Santa presencia.

Ahora tiene que suceder lo que dice el libro de los Salmos: "que su casa se quede vacía; que nadie viva en ella...Que otro haga su trabajo". (Hechos 1:20 BLS)

La casa de los traidores queda vacía. Son muchas las casas que se quedan vacías a consecuencia de la traición de cualquiera de las partes. En el Estado de Arizona, Estados Unidos de América; existen estadísticas que indican que 8 de cada 10 matrimonios han caído en adulterio; si vemos, es un dato alarmante que sus orígenes vienen de una sociedad en la que se tenía la creencia que un hombre podía tener dos mujeres o más, y que los hombres se ufanaban que podían dejar hijos dispersos por la tierra sin ningún problema; en otras palabras, podían ser un judas para su casa. En los Estados Unidos de América, la mayoría de adulterios son provocados por la mujer, tirando por la borda a la familia a cambio de un momento de placer, sin embargo, si alguno ha pecado, abogado tenemos, por lo tanto, si confiesa su pecado y se aparta de él alcanzará misericordia, si no, su casa quedará vacía. Dice el versículo anterior, que "...tiene que suceder que su casa quede vacía..."; existen personas que llegan a ser ancianos y se encuentran solos y enfermos por haber traicionado la confianza de los hijos y de la esposa. Hay otro tipo de traición como el incesto, donde los padres violan la confianza de sus propias hijas, provocando que su casa quede vacía; incluso la traición puede venir de las propias madres quienes conocen de estos hechos y no hacen nada al respecto, sabiendo que la violación está teniendo lugar en su propia casa, cuando el papel de las madres es cuidar a sus hijos principalmente en la casa. La única esperanza de los traidores es que se conviertan al Señor Jesucristo, porque no queremos casas vacías, sino, llenas del poder del Espíritu Santo.

Entonces se dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. Y va y la encuentra vacía, barrida y compuesta. Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, viniendo a ser las postrimerías de aquel hombre peores que sus principios. Así será de esta generación mala. (Mateo 12:44-45 N-C)

Cuando recibimos una bendición o un don de Dios, debemos ponerlo inmediatamente a Sus pies, porque en el momento que pretendamos que es nuestro y que nosotros somos soberanos de aquel don que El Señor nos dio, el diablo puede tomar el derecho de decir que no es nuestro, sino de él, porque, debemos comprender que lo que tenemos es de Dios o es del diablo, pero nunca será nuestro, es decir, o estamos bajo la sombra de la cobertura de la casa de Abraham, o estamos fuera de ella.

Dice La Palabra en el Libro de Génesis, que la tierra estaba desordenada y vacía, esto significa que primero se encontraba desordenada, lo cual la condujo al vacío, y el vacio a las tinieblas, es decir, una casa desordenada terminara vacía. Aplicado a nuestra casa, el desorden refiere a lo que está fuera del hogar; relacionado con la autoridad; un desorden es un matriarcado que está antecediendo a la casa vacía y posteriormente a las tinieblas. También se considera un desorden el hecho que los hijos lleven la autoridad en el hogar; en otro orden. Puede existir el desorden económico que se refleja en la falta de planificación de los gastos que se generan en la casa, donde desde luego no existe la priorización de las necesidades del hogar. En la medida que pagamos cualquier deuda que hemos adquirido, nos deshacemos de la esclavitud que representan las cuentas por pagar que hayamos adquirido. Sin embargo existen personas que tiene desorden porque no quieren vivir de acuerdo a su capacidad financiera, prefiriendo vestir bien y poseer bienes materiales a cambio de pasar hambre; y la invitación en esta oportunidad es que vivamos nuestra realidad económica y darle gracias a Dios por lo que El nos permite tener estando en paz.

No sigan a dioses falsos, que no pueden ayudar ni salvar porque son falsos. (1 Samuel 12:21 DHH)

El anterior versículo nos indica que la idolatría es vacuidad, porque cuando en la casa del Señor hay idolatría, aunque haya mucha gente se encontrará vacía. La idolatría en la casa puede manifestarse de muchas formas, y se trata de todo aquello que toma el lugar de Dios, pudiendo ser el edificio que alberga nuestro hogar, nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestros padres, etc., es por eso que debemos cuidarnos de no cederle el lugar que solamente le corresponde a Dios, a nadie más porque no sabemos el momento en que estaremos delante de nuestro Señor Jesucristo, cuando El venga por nosotros y si nuestra casa no está en el orden de Dios, podríamos ser candidatos para ser participes de la gran tribulación juntamente con toda nuestra familia. El año de la preparación como tal, está llegando a su final, pero nuestra preparación debe seguir adelante buscando el rostro de nuestro Dios, caminando por la calzada de la santidad y consagrando nuestra vida por amor a El, porque sin lugar a dudas, siempre encontraremos algo más que debemos aprender y con lo que debemos prepararnos para el encuentro con nuestro Señor Jesucristo.

 
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