La Casa del Hijo Pródigo

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LA CASA DEL HIJO PRODIGO
En éste tiempo se ha venido manifestando una preciosa presencia del Señor en medio de
nosotros y un espíritu que nos ha movido a buscar de Él como nuestro Padre; si analizamos
esto vemos que de la misma manera que somos hijos del Señor, somos padres de los hijos
que Él nos dio como herencia.
Se ha hablado del hijo pródigo y de las circunstancias que lo llevaron a tomar las decisiones
que lo hicieron malgastar su herencia e involucrarse en cosas malas, así mismo, nos es
mostrada la forma maravillosa como El Señor lo restaura. Si ésta figura la aplicamos a
nuestra casa, ésta tendrá que ser como la Casa del Padre. En la parábola del hijo pródigo,
lo que El Señor nos quiere mostrar es el reino de los cielos, que es el modelo que debemos
seguir; es por ello que no podremos edificar nuestra casa conforme a Su plan y tomando en
cuenta el humanismo que se nos presenta en los últimos tiempos.
PRIMERA PARTE: LA RECETA PARA EL FRACASO
La primera fase de éste estudio, refiere la decisión del hijo pródigo que es ejecutada a
través de tres acciones: 1) partió a un país lejano, 2) malgastó su hacienda, y, 3) vivió
perdidamente; esto nos lleva a que por las decisiones que tomó, fue llevado a sufrir serias
consecuencias, tales como: pasar necesidad, apacentar cerdos, pasar hambre sin que
nadie se compadeciera de él. Estas situaciones en la que se vio el hijo pródigo, sirvió para
remarcar lo importante que representa estar en la Casa del Padre. Los afanes del mundo,
la práctica del pecado y las malas obras, lo condujo a esa condición de destrucción; sin
embargo, podemos notar que su visión, entendimiento y pensamiento se encontraban
bloqueados y no le permitían ver más allá; cuando vuelve en sí, lo primero que recuerda es
que en la casa de su padre hay “pan”. Lo que sucedió con el hijo pródigo es que El Espíritu
Santo de muchas maneras lo redarguyó, dando lugar a un proceso de arrepentimiento
que al final permitió que llegara a su mente el recuerdo que en la casa de su padre había
pan. Esto nos muestra la gran responsabilidad que tenemos para con nuestra casa, donde
siempre debe haber pan.
Entonces, volviendo en sí, dijo: "¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de
sobra, pero yo aquí perezco de hambre!
(Lucas 15:17 LBLA)
Cuando llegamos por primera vez a la Casa de Dios, seguramente no comprendamos Su
Palabra, así mismo, cuando se nos habla sobre temas como la misericordia, la gracia, el
perdón, la paternidad y la cobertura; sin embargo, cada vez que escuchamos Su Palabra,
somos discipulados y aprendemos sobre Sus propósitos, estamos obteniendo una porción
de todo esto para nuestra familia, de tal manera que en nuestra casa no hará falta el
alimento espiritual, y si en dado caso, en nuestra casa tenemos un hijo en la condición del
hijo prodigo, cuando vuelva en sí por medio del Espíritu Santo, quien nos convence de
juicio, pecado y de justicia, la porción del Pan del Señor será exacta y adecuada para
lograr el cambio conforme a Su gracia y misericordia.
Aquella misma tarde vinieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la mañana
había una capa de rocío en torno al campamento. Y al evaporarse la capa de rocío apareció
sobre el suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha de la
tierra. Cuando los israelitas la vieron, se decían unos a otros: "¿Qué es esto?" Pues no
sabían lo que era. Moisés les dijo: "Este es el pan que Yahveh os da por alimento. He aquí
lo que manda Yahveh: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor por
cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia; cada uno recogerá para la
gente de su tienda".
(Éxodo 16:13-16 BJ2)
LA CASA DEL PAN
Uno de los elementos importantes para que El Señor se manifieste en nuestra casa para la
salvación de todos sus integrantes es que debe haber pan que es figura de la Palabra de
Dios.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. Yo soy el
pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan
que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.
(Juan 6:50-51 LBLA)
El pan no refiere únicamente a buscar nuestra salvación individual, sino conlleva a la
responsabilidad de conducir a nuestra familia por éste mismo camino de salvación, y dar de
gracia, de lo que por gracia hemos recibido; es decir, no se nos ha dado pan para que nos
nutramos de conocimientos solamente, sino que es un pan para que lo compartamos, lo
cual es otra característica que tiene que tener nuestra casa.
Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían
juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el
pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
(Hechos 2:46-47 RV60)
En el siguiente versículo, El Señor nos aconseja que no debemos abandonar la Casa del
Señor donde nos es dada Su enseñanza y somos alimentados por Su Palabra, porque
estaríamos careciendo de la referencia de la casa de nuestro Padre.
Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en el país. Y un
hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos.
(Rut 1:1 LBLA)
El Señor nuestro Dios, nos da la mejor lección de paternidad sobre cómo debemos
reaccionar con nuestros hijos cuando nos fallan, cuando están envueltos en pecado o
cuando tienen algún problema. La Palabra nos enseña que si nos comportamos como
nuestro Padre, quien tiene misericordia con nosotros pese al pecado constante en nuestra
vida, cuando nuestros hijos cometan errores regresarán a nuestra casa, para lo cual
haremos fiesta. Debemos manifestar compasión hacia nuestros hijos para que dentro de
nuestra casa sean restaurados por El Señor.
Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió
compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Y el hijo le dijo: "Padre, he
pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo."
(Lucas 15:20-21 LBLA)
La Palabra nos nuestra en el Libro de Marcos, cómo un padre que llega delante del Señor
para pedirle liberación para su hijo que se encontraba endemoniado, y El Señor como
respuesta le dijo: “¿…y cómo, si tu puedes?”. Esto nos enseña que no podemos llegar ante
El Señor con una actitud de incredulidad, sino debemos creer con todo nuestro
entendimiento que El Señor Jesús es nuestro dador y nuestro redentor. El espíritu de
incredulidad tiene la característica de provocar mudez y sordera, y lo único que puede
destapar nuestros oídos es La Palabra del Señor, porque la fe llega por el oír. La instrucción
para nuestra vida por parte del Señor vendrá por Su Bendita Palabra.
Y muchas veces lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si tú
puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos. Jesús le dijo: "¿Cómo si tú
puedes?" Todas las cosas son posibles para el que cree.
(Marcos 9:22-23 LBLA)
SEGUNDA PARTE: EL SERVICIO AL SEÑOR
La presencia de Dios no sólo está en nuestra casa, sino que también en nuestro corazón.
Veamos a continuación algunos elementos importantes para que en nuestra casa se
manifieste la presencia del Señor.
PERDÓN
Posiblemente, en nuestra casa hayan hijos que se encuentren muertos espiritualmente,
pero El Señor los quiere sanar, liberar, levantar y resucitar, de tal manera que sean como el
hijo pródigo, que de pronto volvió en sí y reflexionó diciendo: “a la casa de mi padre
volveré”. Debemos tener compasión de nuestros hijos y perdonarlos cuando han fallado, así
como nuestro padre perdona constantemente nuestras faltas.
Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, he aquí, sacaban fuera a un muerto, hijo
único de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella. Al
verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y
los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate!
(Lucas 7:12-14 LBLA)
COMPASIÓN
Cuando El Señor nos rescató teníamos una gran deuda, porque la misma Palabra dice que
había un acta de decreto en contra nuestra, pero El Señor con Su sacrificio la dejó clavada
en la cruz. Una de las características que tiene que tener nuestra casa es la compasión por
quienes nos deben, para aplicar al modelo de la Casa del Padre Celestial.
Entonces el siervo cayó postrado ante él, diciendo: "Ten paciencia conmigo y todo te lo
pagaré." Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, y lo soltó y le perdonó la deuda. Pero al
salir aquel siervo, encontró a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y echándole
mano, lo ahogaba, diciendo: "Paga lo que debes." Entonces su consiervo, cayendo a sus
pies, le suplicaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagaré." Sin embargo, él no quiso,
sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
(Mateo 18:26-30 LBLA)
CORRER HACIA EL HIJO
Tenemos que ser desatados por El Señor, porque no podemos correr a favor de nuestras
casa, hijos o cónyuge, si estamos atados de los pies y nuestro caminar y obras están
enlazadas por el pecado. Si nuestros hijos son una herencia de Dios, es para ministrarlos
conforme a Su gracia, Su misericordia y Sus planes.
Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió,
los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*:
Desatadlo, y dejadlo ir.
(Juan 11:43-44 LBLA)
EL ABRAZO
Posiblemente, la figura paternal que muchos tengamos sea una imagen dura; sin embargo,
nuestro Padre Celestial es amoroso quien corre hacia nosotros, extiende Sus brazos y nos
besa. De ésta misma manera debemos manifestarnos con nuestra familia, para cumplir la
tarea que El Señor nos ha asignado. Tenemos que ser guiados por el Espíritu Santo y
abrazar a nuestros hijos con el amor del Señor y por medio de la unción de Su Espíritu.
Pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en
el nombre del Señor Jesús.
(Hechos 8:16 LBLA)
El Señor nos abraza con Sus dos manos, con una nos da la bendición y con la otra nos da
la provisión. El Señor nos pide que instruyamos a nuestros hijos en Su Palabra y que no
acumulemos La Palabra y el conocimiento que nos es dado, sino llevarla a nuestra casa
como un alimento constante. El Señor nos demanda que le acerquemos a nuestros hijos
para que los pueda abrazar. Cuando besamos a nuestros hijos con la Palabra de Dios y por
medio de la unción del Espíritu Santo, lo que estamos haciendo es equipándolos y
armándolos.
Cuando Israel vio a los hijos de José, dijo: ¿Quiénes son éstos? Y José respondió a su
padre: Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos a mí, te ruego, para
que yo los bendiga. Y los ojos de Israel estaban tan débiles por la vejez que no podía ver.
Entonces José se los acercó, y él los besó y los abrazó.
(Génesis 48:8-10 LBLA)
EL BESO
La única forma que podemos besar los pies del Señor es postrados en tierra. Esto significa
que debemos humillarnos ante El Señor, de esta manera nos utilizará grandemente y
podremos besar a nuestros hijos con un beso santo.
No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
(Lucas 7:45 LBLA)
CONSEJO
Debemos aconsejar a nuestros hijos conforme a La Palabra y no por medio de conceptos
humanistas. Si queremos aconsejar a nuestros hijos, debe ser a través de la instrucción que
nos es mostrada por El Señor, aunque ésta sea dura. En nuestra casa somos delegados del
Señor como autoridad.
Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.
(2 Timoteo 2:15 LBLA)
Nuestra familia debe ser el tabernáculo donde mora la presencia de Dios. En Su Palabra, El
Señor nos instruye la forma de cómo edificar el tabernáculo, en el que debe prevalecer la
unidad.
Harás el tabernáculo con diez cortinas de lino fino torcido, y tela azul, púrpura y escarlata;
las harás con querubines, obra de hábil artífice. La longitud de cada cortina será de
veintiocho codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; todas las cortinas tendrán
una misma medida. Cinco cortinas estarán unidas una con la otra; también las otras cinco
cortinas estarán unidas una con la otra. Y harás lazos de tela azul en el borde de la cortina
del extremo del primer enlace, y de la misma manera los harás en el borde de la cortina del
extremo del segundo enlace. Harás cincuenta lazos en la primera cortina, y harás cincuenta
lazos en el borde de la cortina que está en el segundo enlace; los lazos se corresponderán
unos a otros. Harás además cincuenta broches de oro, y con los broches unirás las cortinas
una a la otra, de manera que el tabernáculo sea una unidad.
(Éxodo 26:1-6 LBLA)
Es necesario que busquemos al Señor y de Su Palabra para tener algo que ofrecer de parte
del Señor a nuestra familia. Debemos trasladar a nuestros hijos lo que hemos recibido del
Padre, quien nos perdona, corre hacia nosotros, nos besa y nos aconseja. La misericordia
del Señor nos rescata incansablemente y nos devuelve a su casa, recibiéndonos con una
fiesta y alimentándonos con Su Palabra.

Fernando Álvarez
Anciano
 
Ministerios Ebenezer