La Comida En El Altar

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Empezaremos viendo la forma en la que se desempeñaba el sacerdocio en el Antiguo Testamento:

 

1 Samuel 21:1-6 LBLA Entonces llegó David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y Ahimelec vino tembloroso al encuentro de David, y le dijo: ¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo? Y David respondió al sacerdote Ahimelec: El rey me ha encomendado cierto asunto y me ha dicho: "Que no sepa nadie acerca del asunto por el cual te envío y que te he encomendado; y yo he citado a los jóvenes a cierto lugar." Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas. Respondió el sacerdote a David, y dijo: No hay pan común a mano, pero hay pan consagrado; siempre que los jóvenes se hayan abstenido de mujer. Y David respondió al sacerdote, y le dijo: Ciertamente las mujeres nos han sido vedadas; como anteriormente, cuando he salido en campaña, los cuerpos de los jóvenes se han mantenido puros, aunque haya sido un viaje profano; ¿cuánto más puros estarán sus cuerpos hoy? Entonces el sacerdote le dio pan consagrado; porque allí no había otro pan, sino el pan de la Presencia que había sido quitado de delante del SEÑOR para colocar pan caliente en su lugar al ser retirado.

Los sacerdotes tenían que cambiar el pan todos los sábados y el único lugar donde tenía que ser comido era en el Lugar Santo; entonces de pronto cuando llega David, le dicen que solamente tenían el pan consagrado; pero el punto es que no todos podían comer de ese pan, solamente los sacerdotes; sin embargo cuando llega el tiempo del Nuevo Testamento, dice el Apóstol Pablo lo siguiente:

Hebreos 13:10 LBLA Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernáculo.

En aquel entonces era lo contrario; primero eran los sacerdotes los únicos que lo podían comer, pero después, los que están al servicio del tabernáculo son los que no pueden comerlo; sino los que tenemos altar. Entre tantas cosas lo que podemos decir a ese respecto, es que hoy tenemos un pacto mayor que el anterior, aunque tampoco podemos menospreciar el Antiguo Pacto, pero a nosotros nos han permitido un trato superior; aunque por los hebreos hayamos sido llamados perrillos; porque en todo caso no fue por ellos que se nos haya permitido entrar al Nuevo Pacto; tenemos algo mejor que lo presentado a los israelitas y que en determinado momento ellos despreciaron la mesa del Señor; entonces después de eso, cuando Israel menosprecia la invitación a la cena del rey; entonces salen los siervos de Dios para que entráramos nosotros de los que la Biblia dice, éramos con muchos defectos, pero respondimos a la invitación para estar a la mesa del Señor Jesucristo y poder participar de los manjares que ahí podemos encontrar.

Por eso hoy nosotros los que servimos en el altar, somos los que tenemos derecho a comer de la mesa del Señor Jesucristo y los que sirven al tabernáculo lo han perdido. Entonces lo primero que debemos saber es si tenemos altar pero no bajo la ideología que muchos tienen para presentarse en matrimonio o para cualquier otra situación; lo que debemos saber es que el altar sirve para que lleguemos a morir a nosotros mismos; de aquí entonces podemos decir que el altar espiritual, para nosotros debe ser sangriento donde debemos despojarnos de todos nuestros deseos, afanes y todo aquello que podamos anteponer a nuestro Señor Jesucristo. Pero entonces para que nosotros podamos tener altar, es necesario que hagamos el siguiente inventario y comprobar que lo tenemos:

1. Perdón
2. Buenas Obras
3. Bendiciones de Dios
4. Vidas

PERDON

Es necesario que recordemos que en el momento que Cristo entró a nuestro corazón, alcanzamos el perdón por nuestros pecados; pero ese perdón debe ser de doble vía, porque nosotros también debemos perdonar. Muchas veces el problema es que se nos olvida de lo que Dios nos perdonó, porque se resume en una sola palabra: TODO, no hubo nada que se quedara pendiente de perdón; de esa misma forma nosotros debemos perdonar a los que nos han ofendido y lanzar al fondo del mar todo aquello con lo que un día alguien nos pudo ofender porque eso mismo es lo que Dios hizo, olvidó todos los pecados con los que lo pudimos haber ofendido pero los lanzó al fondo del mar; El nos perdonó y nosotros podemos perdonar; podemos amar porque El nos amó primero.

Muchas enfermedades del cuerpo, son ocasionadas por falta de perdón; cuando alguien guarda rencor por toda la vida a causa de la falta de perdón, pueden llegar incluso a causar enfermedades mortales.

BUENAS OBRAS

Mateo 26:10 LBLA Pero Jesús, dándose cuenta, les dijo: ¿Por qué molestáis a la mujer? Pues buena obra ha hecho conmigo.

Esta buena obra lo que contenía era: amor; adoración sin importarle nada, no escatimó ningún esfuerzo para rendirlo a los pies de Jesús; contenía ofrenda y también lo había ungido para Su sepultura. Esto último simboliza a los cristianos que enseñan que debemos morir a nosotros mismos para que verdaderamente se vea Cristo en nosotros y no caer en el mismo error que se describe en el siguiente versículo:

1 Corintios 6:5-11 LBLA Para vergüenza vuestra lo digo. ¿Acaso no hay entre vosotros algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que hermano contra hermano litiga, y esto ante incrédulos? Así que, en efecto, es ya un fallo entre vosotros el hecho de que tengáis litigios entre vosotros. ¿Por qué no sufrís mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? Por el contrario, vosotros mismos cometéis injusticias y defraudáis, y esto a los hermanos. ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

Finalmente entonces lo que debemos llevar en el corazón, entre tantas cosas; es el perdón de Dios por todos nuestros pecados, con el propósito que nosotros también podamos perdonar a todos los que nos ofenden por cualquier situación y que cuando nos acerquemos a la mesa del Señor Jesucristo para participar del pan y del vino, alcancemos los beneficios de bendición y no de juicio.

 
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